La votación duró ocho segundos. El debate lleva veinte años.
Una definición concebida por conveniencia
Cuando la Unión Astronómica Internacional acordó tres criterios para definir qué es un planeta, el tercero — haber despejado el entorno de su órbita — fue la cláusula decisiva. También fue la cláusula que nadie fuera de aquella sala había pedido.
No descubrimos nada nuevo sobre Plutón. Descubrimos algo nuevo sobre el lenguaje que habíamos estado utilizando.
Lo que cambió el sobrevuelo de New Horizons
Las imágenes de 2015 llegaron con ese grado de detalle que hace que las categorías parezcan insuficientes: glaciares de nitrógeno, una cuenca con forma de corazón, una capa de bruma dispuesta en improbables bandas azules superpuestas. Nada de ello encaja con la imagen de un remanente inerte.
En defensa del desorden
Los científicos planetarios abogan cada vez más por una definición geofísica: si un cuerpo es esférico debido a su propia gravedad y no es una estrella, llamémoslo planeta. Esa definición resulta incómoda. También es honesta.
El sistema solar nunca fue ordenado. Nuestra taxonomía sí.
